“Pidan y se les dará”: la jornada de los seis milagros
Testimonio de una misionera
Para iniciar la misión siempre nos reunimos en la capillita todos los misioneros; ahí se los convoca. En esa ocasión no habían llegado muchos misioneros y, por ende, tampoco las imágenes Peregrinas de la Mater y de Jesús.
Ante esto, una de las misioneras nos animó a que pidiéramos en oración, con mucha fe, que llegaran más misioneros y, mientras rezábamos, llegó la respuesta: así fueron llegando más y más misioneros y más Peregrinas. ¡Increíble, pero cierto!
Organizamos los grupos y, todos encendidos, arrancamos a misionar. También delegamos en un misionero el vínculo con los ministros extraordinarios de la Comunión y, en ese momento, me pareció increíble cómo uno puede ver en la misión el rostro verdadero de los apóstoles de Jesús.
Ya en nuestro recorrido —ese día me habían encargado atender a los adultos— fuimos encontrando que la gente, y en especial los pacientes, tenía mucha sed de Dios; específicamente pedían los sacramentos.
- En una habitación, una paciente sentía el anhelo de confesarse.
- En otra habitación, una señora muy triste no se animaba a comulgar por no estar en estado de gracia.
- En Pediatría, la mamá de una bebita nos pidió, por favor, bautizar a la bebé.
Ante esta situación, en mi mente solo resonaba la oración del Padre Kentenich: «Nos darás trabajo y copiosas bendiciones; a nuestra impotencia unirás tu inmenso poder». Y así fue como fui testigo del inmenso poder de la oración: al final del pasillo, un misionero llegaba con ¡seis imágenes Peregrinas!, y a su lado venía un Sacerdote de Jesús.
Increíble, impresionante: llegó el Padre Lucas y empezó a apagar los «incendios» de necesidad de Dios. Fue primero a la habitación de las señoras, impartiendo el sacramento de la Unción de los Enfermos; el cielo se abrió y la tristeza se convirtió en lágrimas de emoción y alegría. Además, la señora que quería confesarse recibió la reconciliación y, como si eso no fuera ya lo máximo, al bajar al tercer piso fue a la habitación de la bebé para bautizarla. ¡Emoción total! La pequeña valiente nacía como hija de Dios y la mamá mostraba una mirada de esperanza única.
Por último, fuimos a la habitación de un niño con capacidades diferentes, de la edad de mi hijo (12 años), que era como un bebé. Lo acompañaba su mamá. Allí vimos la realidad de los familiares que, solos, deben cuidar y estar 24/7 con sus pacientes. Compartimos una merienda y un gran abrazo entre todos. Al igual que los pacientes, los familiares necesitan también mucha fuerza de Dios y ayuda humana.
Ese día no podía con todo lo vivido: veía claramente el hilo conductor entre la oración sencilla y humilde de los misioneros para que llegaran más, la multiplicación de misioneros y de las imágenes Peregrinas, y la llegada de un sacerdote. Suma todo y el resultado es Dios. Se cumplió el «pidan y se les dará»: el Señor fue encontrando a todas sus ovejas, y ver al equipo trabajar y moverse de un lado al otro fue ESPECTACULAR.
¿Te sumás la próxima vez? Tu pequeño «sí» puede ser la chispa que encienda otro día de milagros.
Una Oración por los Misioneros
Unámonos en oración para que nunca nos falte la fe para pedir, y la gracia para reconocer los milagros que Dios realiza a través de nosotros.
"Señor, que nunca nos falte la fe para pedir y la gracia para reconocer tus milagros cotidianos. Te pedimos por todos los misioneros, para que sean instrumentos de tu poder, y por los enfermos, para que sientan tu consuelo. Amén."
“Señor, danos sacerdotes”
“Señor, danos santos sacerdotes”
“Señor, danos muchos santos sacerdotes”
“Señor, danos muchas santas vocaciones religiosas”
oraciones por la misión